Testigo Implicado

Nombre: JTONIG
Ubicación: Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Jorge A. Jaurena Nacimiento: 23/11/1949 en Buenos Aires, Argentina.

lunes, marzo 27, 2006

Tribunales populares?

"......La noticia del crimen indignó a familiares y vecinos de la pequeña víctima. Esa noche, luego de la detención del adolescente, apedrearon e incendiaron la vivienda del confeso homicida. Ayer al mediodía, los vecinos volvieron a entrar en el terreno y prendieron fuego una camioneta que pertenecía a la madrastra del chico acusado...." La Nación 28/03/06
MAR DEL PLATA.- "......Entre insultos que llegaban hasta la sala de audiencias e incidentes en el acceso al edificio, un tribunal absolvió y dejó en libertad anoche a un profesor de educación física acusado de haber abusado sexualmente de 21 alumnos de entre tres y cuatro años de un jardín de infantes que depende del obispado local. El gran operativo policial desplegado en los tribunales no alcanzó para contener la ira de familiares de las supuestas víctimas, que descargaron su bronca contra allegados al imputado, entre ellos, uno de sus hermanos, al que le causaron serias lesiones en el rostro...." La Nación 28/03/06

Lo que el primer fragmento que elegí de la crónica periodística no dice, es que antes del incendio, algunos de los indignados justicieros, huían llevándose consigo lo que podían sacar de la casa del "culpable", como pudo constatarse en las imágenes que TN 24 Horas difundió el 27/03/06 al mediodía, y que no encontré en las ediciones de los noticieros de la noche de ningún canal.
El episodio es doblemente trágico: porque ha costado la vida de una inocente de cuatro años de edad y ha arruinado para siempre la vida de un adolescente de dieciséis años apenas, sobre cuyas circunstancias personales poco o nada se sabe todavía. Así, la condición de tragedia está dada no solo por las consecuencias sangrientas del hecho, si no además, por la circunstancia de que ambos protagonistas son niños, o casi.

¿Es la Argentina una sociedad violenta o hay violencia en la sociedad argentina?
Durante su último gobierno, el general Perón dijo en una entrevista que la violencia en manos de los pueblos no es violencia, sino justicia. Ese pensamiento suyo no impidió que poco tiempo después descalificara a Montoneros -que pretendían representar el pensamiento y el sentir del pueblo y del propio Perón- por sus métodos violentos en contra de personas que, como los dirigentes del "movimiento obrero", tenían a su entender más méritos que esos "imberbes". Aquí es, a mi juicio, donde un presidente constitucional en ejercicio convalida que la justicia pueda ser ejercida fuera de los tribunales.
El veterano general había desatado desde Madrid los demonios de la violencia en socorro de su proyecto político, pretendiendo que los encerraría cuando volviera al país para asumir el gobierno y el poder, que desde la óptica del efímero presidente Héctor Cámpora no eran ya la misma cosa. En realidad, esta idea de separación entre gobierno y poder -propia de una Argentina donde muchas cosas parecen ser, pero no son-, se había instalado implícitamente en la sociedad a causa de la existencia desde 1958 de gobiernos civiles con fuertes condicionamientos por parte de las fuerzas armadas, como fueron los de Arturo Frondizi, -cuyo período fue completado por José Maria Guido con la férrea vigilancia de los militares-, y de Arturo Illia, todos ellos de común origen radical, en un escenario político signado por la proscripción del peronismo. Las únicas ocasiones en que gobierno y poder estuvieron en las mismas manos durante ese período, fue durante los gobiernos militares de facto, que ocuparon el poder la mayoría del tiempo.
Lo cierto es que tanto Montoneros como las demás agrupaciones armadas no gubernamentales, aspiraban al poder político, y comenzaron por pretender controlar el "gobierno popular" dada la debilidad física del anciano caudillo, y la existencia de un entorno de ultra derecha reaccionaria encabezado por la vicepresidenta de la nación y esposa de Perón, Maria Estela Martínez y su círculo íntimo con José López Rega -creador de la triple A- a la cabeza.
Entre los procedimientos que Montoneros utilizaba con sus prisioneros, estaba el de su juzgamiento por lo que la propia organización denominaba -en sus comunicados y bandos- "tribunales populares", que no eran integrados con personas del pueblo en general, sino con dirigentes de sus propios cuadros. Demás está decir que dichos "tribunales populares" actuaban totalmente al margen de la justicia ordinaria, y por fuera del sistema formal del estado argentino, así como que tampoco aplicaban norma de derecho alguna, como no fuera su propio convencimiento de la culpabilidad de los acusados.
Es en la continuidad de los métodos violentos después de instalado el gobierno constitucional, encabezado por un presidente elegido por el pueblo pero designado candidato por el líder primero, y casi inmediatamente después por el propio líder y su esposa, radica a mi juicio el carácter de subversivo y terrorista del accionar de esas milicias autodenominadas populares.
En este sentido, opino que el pueblo en su conjunto nunca apoyó la lucha armada, con verdadero apoyo popular esas milicias no hubieran sido vencidas tan rápidamente como lo fueron. En consecuencia, la por muchos repudiada teoría de los dos demonios se instala por la propia voluntad de los demonios.
El pueblo en su conjunto nunca quiere la violencia, aunque más no sea por temor y comodidad. Mas allá de sus partidarios puntuales, el común de la gente no apoyó nunca la violencia subversiva, fuera esta civil o militar. Por esa razón, son casi siempre minorías intelectualmente formadas las que asumen la tarea revolucionaria, y esas minorías -en el caso argentino- provenían de la propia clase social que decían combatir. En ese aspecto, la acusación dirigida a la clase media (a la que denominaban burguesía) de ser "desclasados", les cabe también, perfectamente. La violencia, cuando reemplaza la voluntad popular, siempre es subversiva, provenga de donde provenga. Y siempre es terrorista porque instaura -o pretende instaurar- el terror; claro que cuando el causante es el estado el hecho es mucho más aberrante, ya que la fuerza que el pueblo deposita y confía a las manos del estado, solo debe usarse para mantener las instituciones de la constitución y la integridad de la nación, y no para eliminar u hostigar a sus ciudadanos.
Más de treinta años después, con todo lo que Argentina ha sufrido en ese lapso, la subjetividad social es, indudablemente, otra muy diferente.
Una sobre exposición al escarnio y al dolor al que nos han sometido sucesivamente un gobierno bochornoso por su inoperancia, violencia e inmoralidad como el de la presidenta Perón, que inauguró en nuestro país el terrorismo de estado a través de la actuación de la triple A; una dictadura criminal y terrorista como la protagonizada por las fuerzas armadas desde 1976 a 1983, que suprimió nuestros derechos más elementales -como el derecho a la vida y las ideas- y nuestras libertades más escenciales; y gobiernos no menos venales e inoperantes que el primero de los citados desde 1983 hasta la fecha -aunque con un estilo de violencia algo diferente-, han actuado sobre el ánimo social con consecuencias que aún no me atrevo a medir, pero que episodios como estos que me ocupan hoy me inclinan a suponer son de temer.
Una predisposición a actuar de manera marginal, reaccionaria y violenta como respuesta a situaciones que van desde la demanda de reivindicaciones o mejoras sociales, pasando por objetivos ecológicos, el reclamo de castigo para los señalados como culpables de delitos sociales, o la demanda de cajitas felices en un restaurante de comidas rápidas. Común denominador: las víctimas de tales actos de vandalismo, cuando son individuos o comercios con poco o ningún poder. Ante la imposibilidad o el temor de alcanzar a los causantes esenciales del estado de injusticia, se arremete ciegamente con quien está mas al alcance. Cuando no, se destruyen o dañan bienes públicos, los que entre nosotros en lugar de ser de todos, son de nadie.
Con estas actitudes nada se soluciona y nada cambia, pero el instinto violento queda momentáneamente canalizado.
Si la violencia pudiera alcanzar algún grado de legitimidad por la trascendencia de la demanda que la produce -con lo que no estoy de acuerdo en absoluto- su uso indiscriminado la vuelve definitivamente desmesurada y funesta.
Ya se: se dirá que es fácil pensar de esta manera cuando se tiene la mayor parte de las necesidades materiales satisfechas. La carencia de cualquier índole ¿justifica por sí misma la violencia ciega? No, porque no todas las personas que sufren faltas son violentas.
Valga como ejemplo lo ocurrido en estos días, a raíz del anuncio del grupo musical Callejeros de que volverán a actuar en público. Si la denuncia de su líder de haber sido amenazado de muerte por uno de los padres de las víctimas de la masacre de Cromagnon fuera cierta, no deduciremos por eso que todos los familiares de las víctimas y los sobrevivientes amenazan de muerte.
Si el dolor, el desencanto y la rabia lo justifican todo, mucho me temo que esta sociedad se halle en vías de disolución.
Como perteneciente a una generación que convivió con la violencia y la ilegitimidad, defiendo este estado de derecho, aún imperfecto cuando no claudicante. El piquete, el patoterismo, la pueblada, vienen supliendo la presencia del estado en muchos frentes.
En un entorno de avasallamiento de los derechos del prójimo, y de falta permanente del mutuo respeto entre los ciudadanos en su mayoría, asambleas de "ambientalistas" que jamás estudiaron ecología, toman en sus manos la defensa de su medio ambiente y las relaciones con un país limítrofe cerrando las fronteras, mientras los organismos (competentes?) del estado permanecen ausentes. Piquetes animados por la indignación impugnan con violencia las decisiones de la justicia y exigen su revisión, o impiden el libre tránsito de sus conciudadanos porque han decidido tomar como propio determinado espacio público, etc., etc., etc.
¿Cómo vine a desembocar aquí pasando por los hechos de Rafael Calzada, Mar del Plata, Cromagnon, los sucesivos gobiernos, las organizaciones armadas, y demás? Tratando de responder a la pregunta del subtítulo: ¿Es la argentina una sociedad violenta, o hay violencia en la sociedad argentina?
De que hay abundancia de violencia en nuestra sociedad no me cabe duda. Tampoco tengo dudas de que esta sociedad viene sufriendo distintas violencias desde hace mucho tiempo. Encuentro serios síntomas de disolución social; un permanente juego de Antón Pirulero, donde cada cual atiende su juego, y el que no: una prenda tendrá. De ahí a una sociedad violenta, veo un solo paso. Sociedad violenta y canalla, porque no hacemos más que cometer errores, y como sociedad no nos hacemos cargo de las consecuencias. Nunca.

miércoles, marzo 22, 2006

El sol del 24 viene asomandoooo.....

Con esta facilidad de banalizarlo todo, nuestros preclaros dirigentes, siempre atentos al "sentir del pueblo" se lanzaron -con el mismísimo presidente a la cabeza (?)- a declarar feriado nacional el 24 de marzo con un empuje tal, que arrolló la opinión de la mayoría de los organismos de defensa de los derechos humanos, nada menos, y como de costumbre la de la oposición política, y la de quienes nos oponemos por un mínimo ejercicio de conciencia histórica.
Vanos fueron los llamados a no convertir la fecha en que se conmemora el hecho más aberrante y terrible de nuestra historia en un pretexto para el turismo, mini o no.
¿Qué piensa el presidente? ¿No podemos abarcar los argentinos el esfuerzo de la reflexión sobre la peor matanza cometida por el estado desde la conquista del desierto, y el de seguir trabajando? Al pueblo argentino nos puede pasar lo que a algunos niños: tanto escuchan decir a sus padres que son tímidos, inútiles, terribles, revoltosos, agresivos, etc. que terminan creyendo sin atisbo de dudas, ser algo de todo esto.
Podría haberse tomado una disposición más adecuada al acontecimiento histórico que recordamos. Si las escuelas van a interrumpir el dictado de clases para permitir que los alumnos puedan ver los partidos más importantes para argentina durante el mundial de fútbol ¿no podría haberse imaginado una jornada de reflexión -que tanta falta nos está haciendo- y debate -sobre el que tanto nos falta aprender- en los lugares de trabajo, escuelas y universidades?
Podría haberse dispuesto, por ejemplo, la inclusión en las currículas del estudio del informe de la CONADEP titulado Nunca Más, en lugar de enseñarles a nuestros estudiantes que los negros y las negras solo servían en la época de la colonia para transportar almoadones, pasteles, candiles, palanganas, urinales, etc o sea, como simples bestias de carga.
La riqueza para el análisis, la complejidad y la carga de horror que contiene este informe lo hace apto -en mi opinión- para su estudio progresivo en las distintas etapas de la formación primaria, secundaria y hasta universitaria.
En lugar de terminar de instalar en el imaginario colectivo de los argentinos -principalmente los nacidos durante y después de la dictadura- la idea de luto que encierra la conmemoración del 24 de marzo de 1976, se instala el "fin de semana largo". Algo obvio después de todo -pero no menos nefasto- en un país cuyo ministro de educación apoya perder días de clase para ver fútbol, o basquet, o rayuela, u ópera o lo que sea.
A ver si por lo menos el sector gremial de la educación se pone en sintonía con el interés de educar, y hace coincidir sus huelgas -que en su mayor parte son absolutamente justas- con el calendario de la AFA.

domingo, marzo 19, 2006

Ibarra y la responsabilidad política por Cromagnon

Ibarra fue destituído de su cargo, con lo cual se lo ha señalado como principal responsable político de la masacre del boliche República de Cromagnon, ocurrida la noche del 30 de diciembre de 2004, y que dejara como saldo 194 muertos, la mayoría de ellos adolescentes. ¿Comienza una nueva etapa de premios y castigos en la política argentina? Es posible, pero, de ser así, es solo el comienzo. Lo señalo porque he leído y escuchado por ahí que este acontecimiento marca un antes y un después, y tal como lo percibo me parece excesivo.
La corporación política se cuidó muy bien de dejar sin trabajo por 10 años a uno de los suyos; el resultado alcanzadono oculta el hecho de que algunos votos fueron el resultado de una serie de arreglos políticos de pasillo, cuando no de aprietes, cometas, y otras vergonzosas piruetas de espuria negociación polìtica. La destitución devino en operación política para sancionar a Ibarra "ma non troppo". La previa "manifestación de apoyo popular", aunque trucha, amortiguó el efecto de castigo social que la destitución pudo haber producido.
Percibo una sociedad, en general, con poco interés en sancionar a Ibarra, que la mañana siguiente a su destitución ya hablaba de candidaturas para 2007, a la par que, agraviado, declaró que recurrirá a la justicia en busca de reparación por lo que considera un fallo injusto de la cámara juzgadora de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
El presidente se (no nos) cuida. Esta mañana, la mayoría de mis compañeros de oficina opina que ladestitución es injusta, y que menos mal que por lo menos no lo inhabilitaron. ¿Vieron por TV a la señora que, furiosa porque le costaba circular por Plaza de Mayo por la presencia de los familiares y sobrevivientes del Cromagnon, preguntaba por qué la policía no empezaba a "meter bala"? Vaya uno a saber cual es el porcentaje de personas que piensa como ella.
También hubo gente (mucha) que saludó el paso de los familiares y sobrevivientes por la Avenida de Mayo con palabras de apoyo y papelitos.
Me quedó en la boca -después de la destitución de Anibal Ibarra- buen sabor con gusto a poco. Me refiero a la reacción popular, la mayoría de la sociedad permaneció indiferente y esa indiferencia habla claramente de nuestra completa desmovilización social.
Nación y Clarín hacieron referencia a la responsabilidad de los padres en cuanto verificar a qué lugares van sus hijos a divertirse, como si en estos tiempos la autorización familiar fuera decisva a la hora de que los jóvenes decidan dónde irán a divertirse. Como dijo ayer una legisladora en su discurso, se nos pide que seamos inspectores, policias, bomberos, expertos en seguridad, etc., entonces, toda la infraestructura burocrática que sostenemos ¿para qué está? Creo que en este punto la prensa intepreta el pensamiento de gran cantidad de personas que creen que esto no puede pasarles porque sostienen la ficción de que "yo si me preocupo por saber dónde van mis hijos y con quien". Desde algunos sectores se piensa al otro, pero sin el otro ¿o me equivoco?
Para los jóvenes, algunos grupos musicales representan toda una mística; su lenguaje, las letras de sus canciones, sus mensajes, hasta su vestimenta, se integran a su subjetividad, igual que para nosotros lo fueron -y en algún sentido lo siguen siendo- The Beatles, Rolling Stones, Soda Estéreo, etc.
Si los culpables son las víctimas, ¿para qué voy a apretar la tenaza sobre los funcionarios? Si no quiero ver que Cromagnon puede estar en los trenes, subtes y colectivos obsoletos hasta la decrepitud; en los "comederos" del centro, donde las mesas están tan juntas unas con otras que es imposible pasar, no digamos evacuarse en caso de incendio; en cañerías de gas viejas que tienen pérdidas; etc., etc., etc. Cromagnon está también en la escenciade nuestro temperamento social mayoritariamente indiferente y desidioso, que por supuesto trasciende en el carácter de la mayoría de nuestros funcionarios, más ocupados en sus teje manejes políticos y sus negocios personales que en la función pública que desempeñan. Si no fuera así, no viajaríamos en semejantes transportes, no comeríamos en esas ratoneras, denunciaríamos la pérdida a Metrogas y los legisladores se hubieran anotado un poroto con una sanción ejemplar; además, estaría acelerándose todo lo muchísimo que queda por hacer para castigar de verdad la masacre de Cromagnon.Esta dirigencia desastrosa no hubiera llegado a representar a nadie si la mayoría de los representados fuéramos mejores que ellos. Si Ibarra hubiera sido sobreseído, no creo que hubiera habido otras expresiones de protesta que la de sobrevivientes y familiares. Ibarra fué destituído, en hora buena. Pero fue sancionado solo lo indispensable porque había espaldas políticas que cuidar, incluso, la del propio Ibarra que, de haber sido repuesto en el cargo, difícilmente habría salido indemne de los escraches y manifestaciones de protesta que su absoluciòn hubiera provocado por parte de los familiares, los sobrevivientes y la parte de la sociedad -minoritaria- que los acompaña en su reclamo de justicia.
Le pusieron un salvavidas de plumas a Ibarra, para que haga cómodo la plancha hasta 2007.
Sé que mucho o todo lo que escribo va a resultar políticamente incorrecto para algunos, pero este es mi pensamiento.
Es fundamentalmente desde nosotros como sociedad, como ente colectivo, desde donde puedo pensar la cuestión social que tanto nos preocupa, y esta no es -en mi opinión- una sociedad Caperucita. Lo dijo Aristóteles y lo repitió el general: los pueblos tienen los gobiernos que (sus mayorías, notodos) se merecen.
EDUCACION. Si no exigimos que la corporación política priorice la educación -que desatendió por mejor velar sus intereses corporativos-, asignándole prioridad de política de estado, destinándole sus mayores y mejores recursos materiales y humanos, la calidad de nuestra representación política difícilmente mejorará porque no se elevará sustancialmente nuestra exigencia a la hora de elegir. ¿O iremos mejorando a costa de muertes, dolor e impotencia?
La de destitución del jefe de gobierno porteño fue -en mi opinión- algo en el buen camino, pero muy algo. Falta casi todo, fundamentalmente señalar y castigar a todos los responsables y culpables de Cromagnon, inclusive aquienes aconsejaron al presidente permanecer en Santa Cruz la noche del 30 de Diciembre de 2004.

sábado, marzo 18, 2006

Para empezar

En su obra "Pensar la Subjetividad" la epistemóloga Denise Najmanovich cita una frase de origen chino que, en tono admonitorio dice: "Que te toque en suerte vivir una época muy interesante". No tengo dudas de que nos está tocando vivir una "época interesante", tanto, que la mayoría de las veces no podemos hallar respuestas y nos quedamos colmados de preguntas. Esas preguntas, las dudas y los pensamientos surgidos de la reflexión o la reacción es lo que me propongo compartir con quienes se asomen a mi blog. La ideología es un componente tan importante de la subjetividad, que difícilmente podamos analizar la realidad por fuera de la influencia de nuestras ideas. Las ideas nos definen hasta cierto punto; describen nuestra forma de leer la realidad. Lo que me propongo, -y los invito a intentar- es acercarnos a la idea de objetividad todo lo que nos sea posible, para tratar de operar sobre el pensamiento de manera de sumar aportes a este espacio, antes que excluir -por acción u omisión- en razón de condicionamientos ideológicos, políticos, religiosos, etc. En resumen, atrevernos a pensar con audacia, mas allá de lo nos lo permiten nuestras propias convicciones. Cito al filósofo francés Gastón Bachelard: "Conviene ir por donde la razón gusta de estar en peligro". ¿Por qué? -se preguntarán ustedes tal como yo me lo pregunté a mi turno-: porque el mundo cambió radicalmente, planteando incertidumbres en casi todos los campos del pensamiento, porque las viejas categorías han caído, de modo que podríamos aceptar el -para mi apasionante- desafío de pensar tratando de apartar conceptos pre-adquiridos. Como dice Denise Najmanovich en su libro El Juego de los Vínculos "Las verdades eternas de un conocimiento certero y garantizado se han evaporado......junto con ellas se van esfumando sus mandatos y obligaciones.......(pero) tampoco estamos viviendo una fiesta, la incertidumbre produce angustia y el debilitamiento del lazo social deja inermes a las grandes mayorías." El concepto de "modernidad líquida" acuñado por Zygmunt Bauman; los diálogos entre Élisabeth Roudinesco y Jacques Derrida sostenidos poco antes de la muerte de éste último y plasmados en el libro "y mañana que..."; la producción de otros pensadores, sociólogos, sicoanalistas, filósofos, epistemólogos, etc., nos hablan de ese cambio fundamental e inexorable que arrastra a su paso a las categorías vigentes hasta hace poco tiempo. Ideologías, sistemas políticos y sociales, religiones, las propias definiciones de los fenómenos deberán ser repensados, y no estaría mal encarar la tarea de pensar con el equipaje liviano, para dejar lugar al nuevo pensamiento de lo nuevo y de lo viejo. Si no queremos incluirnos en las grandes mayorías inermes de las que habla Denisse Najmanovich, practicar el pensamiento, o abrir nuestro entendimiento a las nuevas producciones de subjetividad, puede hacernos sentir más incluidos y menos perplejos.