Testigo Implicado
Acerca de mí
- Nombre: JTONIG
- Ubicación: Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Jorge A. Jaurena Nacimiento: 23/11/1949 en Buenos Aires, Argentina.
martes, mayo 23, 2006
miércoles, abril 19, 2006
Discursos Gerenciados
Estado de Derecho (¿del derecho de quién?)
Este estado de derecho en que vivimos ¿está regido por "la Ley"? En tal caso, deberíamos definir (¿o re-definir?) qué es y cómo es vivir en un estado de derecho.
Si en una sociedad no existe una instancia que esté situada por encima de todos, cabe preguntarse si esa sociedad, aún gozando de las instituciones de la democracia, vive en un estado de derecho.
No hablaré de la ley como estructura superyoica por antonomasia, porque de eso poco o nada se. Pero cuando digo "situada por encima de todos" quiero expresar que le están subordinados todos por igual: gobernantes y gobernados, ricos y pobres, cualquiera sea su raza, religión, elección sexuales, nivel de educación, etc. El estado de derecho garantiza -o debería garantizar- equidad; esto es, que todos los ciudadanos tengan las mismas obligaciones, derechos y oportunidades; después, un sistema organizado de solidaridad social -que no debe confundirse con la dádiva- se ocupará de que aquellos que no han podido acceder a un nivel económico-social que les permita satisfacer sus necesidades con dignidad, tengan lo necesario para sentirse integrados a la sociedad de la que forman parte.
El estado de derecho se dará las herramientas para que la comunicación entre el pueblo y sus mandatarios sea eficiente, y los reclamos y anhelos populares sean los orientadores de la gestión del estado, ocupe quien ocupe circunstancialmente sus instituciones.
Así mismo, velará porque el respeto mutuo de los derechos sea posible en un marco normativo claro, justo y universal dentro de la sociedad.
En la Argentina, por hablar de aquello que más nos toca, todo esto y mucho más ha caído antes de llegar a la cima. Enamorados de la marginalidad, de la evasión de la Constitución y de todas las leyes que de ella surgen, nos hemos convertido en un pueblo cuasi bárbaro, donde la razón y la fuerza están casi siempre del mismo lado.
Cotidianamente vemos cómo cualquiera exige lo que le parece, de la forma que le parece, en el lugar que se le antoja, sin medir las consecuencias y perjuicios que sus métodos puedan ocasionar al prójimo. Sordos como todos los que gritan, amplios sectores sociales y gobierno vociferan hasta el aullido, sin que logren entenderse mutuamente en sus demandas. Gobiernos encerrados en ficciones que se viven como realidades, creen no obstante representar como nadie los intereses del pueblo todo. Un pueblo neurótico, vota y glorifica en las encuestas a gobiernos que de un día para otro estallan en pedazos, con la intervención de una oposición -muchas veces del mismo partido en el gobierno- irresponsable e incapaz de medir las consecuencias de sus actos.
Hemos llegado a tal perfección en la simulación, que no advertimos que verdaderos golpes de estado se han dado pretendiendo no haber alterado la apariencia democrática y legal de la administración del estado.
Todo vale: la zancadilla oportuna cuando las dificultades se asoman en el horizonte del gobierno en ejercicio. Los gobernadores tratando de rapiñar ventajas y jirones de poder, de un presidente anémico elegido por un parlamento acosado por el pueblo, que aplaudió de pie, alborozado, el anuncio oficial de lo que todos sabíamos: el país estaba en bancarrota. La defección vergonzosa e irresponsable de quien se ha comprometido a presentarse a elecciones en segunda vuelta, y renuncia a hacerlo para resguardar un capital político desintegrado y conseguir impunidad penal, dejando al presidente electo con poco más del veinte por ciento de votos, en uno de los peores momentos históricos del país.
Después de atravesar el caos, un gobierno débil de origen parlamentario, encabezado por el único caudillo político con aparato de poder en pie. Luego, las elecciones de 2003, de las que surge un gobierno también débil más que por su origen, por emerger de los votos de una sociedad atomizada, con los principales lazos rotos, un sistema de partidos políticos vacíos de significado, ayunos de toda credibilidad popular.
Una derecha miope, empecinada en la defensa de sus ganancias pero no de sus intereses fundamentales, y una izquierda delirante, teórica y enceguecida por un ideologismo estéril, que no logra insertarse siquiera en el sistema de representación parlamentaria o en los estados municipales.
El movimiento peronista, edificado sobre la persona de su fundador y su esposa, se encuentra, a mas de treinta años de la muerte de Juan Perón, y casi cincuenta y cuatro de la desaparición de Eva Duarte, languideciendo en estado de anarquía, sin conducción efectiva dado que históricamente su organización se basó en la verticalidad respecto del poder del líder, y disgregándose paulatinamente en una maraña de sellos de goma en una agonía inexplicable y extensa, con la ilusión de una identidad política que muchos reclaman para sí, pero nadie encarna. El presente gobierno, nacido de este otrora movimiento, capea la crisis económica aplicando un modelo económico prehistórico, basado en el poder del mercado interno, para robustecer el cual
Un radicalismo claudicante por su incapacidad política,
Una verdadera casta de sindicalistas -públicamente llamados "gordos" debido a su riqueza- siguen perpetuándose al frente de sindicatos politizados gracias a elecciones espurias, nunca transparentes, de listas únicas surgidas de oscuros acuerdos de cúpula, administrando de manera discrecional -pero no discreta- los fondos de los afiliados y lo que es peor, las obras sociales que deberían atender eficientemente su salud.
Una iglesia católica culpable, algunos de cuyos jerarcas fueron cómplices de una dictadura asesina, secuestradora y ladrona ante el silencio culpable de los demás, no tuvo en el momento de la hecatombe el poder de convocatoria necesario para nuclear a las fuerzas sociales, políticas y económicas residuales de la crisis, en torno a la mesa de diálogo a la que convocó.
Todo lo expuesto y más, con el aditamento de un estado que dilapida en corrupción e ineficiencia los recursos reunidos por el esfuerzo del pueblo; que deserta de sus obligaciones elementales procurando al pueble pésimos servicios de salud, educación, justicia y seguridad, que son las prestaciones a las que debería encaminar sus mayores y mejores energías.
Instituciones virtualmente tomadas por personajes nefastos, procesados penalmente cuando no delincuentes desfachatadamente confesos; o por incompetentes de solemnidad que usurpan los cargos públicos y reciben retribuciones soberbias a cambio de sus errores y trapisondas inconfesables. Un estado voraz, agazapado a la pesca de los sectores económicos que obtienen rentabilidad, para expoliarlos y mantener un nivel de gasto desbocado, incrementado descontroladamente por la ineficiencia y la corruptela de los funcionarios ya no inmorales sino amorales de todos los niveles.
Funcionarios incluso de primera línea que viven orillando la vulgaridad por parecer "hombres y mujeres comunes", y que no vacilan en faltar a la cortesía más elemental hacia personalidades extranjeras o no, despreocupados de su alta responsabilidad de representar al país y encarnar su imagen pública. No han sido elegidos para ser hombres y mujeres "comunes"; han sido señalados por las mujeres y los hombres del pueblo para administrar sus bienes y preservar sus vidas y sus derechos; para representarlos ante los intereses en pugna, ante quienes deberían ser árbitros y no parte; y ante el mundo todo, del cual la Argentina se encuentra prácticamente aislada, y en constante descrédito. Hasta en el fútbol, deporte en el que el país tiene larga tradición de excelencia, la selección nacional ha descendido en pocos meses cuatro lugares en la grilla de la FIFA, lo que demuestra que cuando una sociedad se encuentra en proceso de descomposición, hasta lo menos importante se descompone con ella.
Ni el propio presidente de la república ni su sucesor en la gobernación, han explicado con claridad el destino y la verdadera cifra de los fondos de la Provincia de Santa Cruz de la que era gobernador el primero de ellos, invertidos fuera del país al avecinarse la crisis de fin de 2001. Esos fondos públicos, cuyo monto en 2002 según declaraciones del entonces gobernador Kirchner ascendía a ochocientos millones de dólares, debían haber sido repatriados según se anunció en 2005, pero por un total -se dijo- de quinientos millones de dólares, sin que quede claro cómo se originó esta descapitalización de -nada menos- trescientos millones, sin contar los intereses que ese capital seguramente produjo en estos años. Probablemente, en 2002 se infló la suma para mejor exaltar la astucia del gobernador -después presidente- y su capacidad de administrador; o tal vez, tres años después, esa cifra de haya desinflado a consecuencia vaya a saber uno de qué.
Ocupando el sombrío panorama, una sociedad que, considerada en sus aspectos más generales, se torna más canalla día a día; donde los individuos se contemplan unos a otros como meros objetos, con mutua indiferencia cuando no con franca hostilidad. Marginada toda idea de solidaridad social, hasta de cohesión, cada cual atiende su juego como en un multitudinario y autista Antón Pirulero.
Los sectores de la sociedad más necesitados de apoyo como los niños sin familia y los ancianos, son librados a su suerte y se los asesina, estafa, roba, explota, castiga y prostituye a vista y paciencia de las mayorías que, desmovilizadas, lo permiten todo. Unos pocos individuos comprometidos solo logran atenuar, en el mejor de los casos, los efectos devastadores de esta situación social característica de todo occidente, es verdad, pero, a mi juicio, más patética en el caso de una sociedad como la nuestra, que arrastra por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser, por rendir tributo al tango.
Decía al principio, que la sociedad argentina disfruta de vivir en un estado de derecho........
Mucho nos queda por hacer si queremos que este, que en mi opinión es poco más que un enunciado, se transforme en una realidad.
Participar, desde el lugar que cada uno de nosotros elija para hacerlo; proponer, criticar, protestar, respetar y respetarnos. Entender que una nave en alta mar termina naufragando toda, aunque los camarotes de tercera clase, que están bajo cubierta, se inundan antes que los demás.
Dicho así no parece tan difícil, pero en realidad es una ardua tarea a emprender si queremos vivir -o al menos que las generaciones que nos siguen vivan- en una sociedad y no en un torbellino de individuos vociferando y golpeando cada cual con la vista puesta en la punta de sus narices.
Si queremos caminar por las calles sin ser asaltados, golpeados, violados o demorados por piquetes de enmascarados con palos, al igual que los hombres de Cromagnon -nombre trágicamente emblemático de la Argentina de hoy- deberemos escuchar con atención los reclamos sociales y lograr que quienes elegimos para esa tarea se ocupen de atenderlos....o de verdad a su turno, se vayan todos.
No se si mi pensamiento es de izquierda, de derecha o de centro; tampoco me importa. Es así como pienso la realidad y como imagino las soluciones. No pretendo establecer dogma alguno, solo aportar mi visión -ciertamente pesimista- de la realidad que nos circunda.
lunes, marzo 27, 2006
Tribunales populares?
MAR DEL PLATA.- "......Entre insultos que llegaban hasta la sala de audiencias e incidentes en el acceso al edificio, un tribunal absolvió y dejó en libertad anoche a un profesor de educación física acusado de haber abusado sexualmente de 21 alumnos de entre tres y cuatro años de un jardín de infantes que depende del obispado local. El gran operativo policial desplegado en los tribunales no alcanzó para contener la ira de familiares de las supuestas víctimas, que descargaron su bronca contra allegados al imputado, entre ellos, uno de sus hermanos, al que le causaron serias lesiones en el rostro...." La Nación 28/03/06
Lo que el primer fragmento que elegí de la crónica periodística no dice, es que antes del incendio, algunos de los indignados justicieros, huían llevándose consigo lo que podían sacar de la casa del "culpable", como pudo constatarse en las imágenes que TN 24 Horas difundió el 27/03/06 al mediodía, y que no encontré en las ediciones de los noticieros de la noche de ningún canal.
El episodio es doblemente trágico: porque ha costado la vida de una inocente de cuatro años de edad y ha arruinado para siempre la vida de un adolescente de dieciséis años apenas, sobre cuyas circunstancias personales poco o nada se sabe todavía. Así, la condición de tragedia está dada no solo por las consecuencias sangrientas del hecho, si no además, por la circunstancia de que ambos protagonistas son niños, o casi.
¿Es la Argentina una sociedad violenta o hay violencia en la sociedad argentina?
El veterano general había desatado desde Madrid los demonios de la violencia en socorro de su proyecto político, pretendiendo que los encerraría cuando volviera al país para asumir el gobierno y el poder, que desde la óptica del efímero presidente Héctor Cámpora no eran ya la misma cosa. En realidad, esta idea de separación entre gobierno y poder -propia de una Argentina donde muchas cosas parecen ser, pero no son-, se había instalado implícitamente en la sociedad a causa de la existencia desde 1958 de gobiernos civiles con fuertes condicionamientos por parte de las fuerzas armadas, como fueron los de Arturo Frondizi, -cuyo período fue completado por José Maria Guido con la férrea vigilancia de los militares-, y de Arturo Illia, todos ellos de común origen radical, en un escenario político signado por la proscripción del peronismo. Las únicas ocasiones en que gobierno y poder estuvieron en las mismas manos durante ese período, fue durante los gobiernos militares de facto, que ocuparon el poder la mayoría del tiempo.
Lo cierto es que tanto Montoneros como las demás agrupaciones armadas no gubernamentales, aspiraban al poder político, y comenzaron por pretender controlar el "gobierno popular" dada la debilidad física del anciano caudillo, y la existencia de un entorno de ultra derecha reaccionaria encabezado por la vicepresidenta de la nación y esposa de Perón, Maria Estela Martínez y su círculo íntimo con José López Rega -creador de la triple A- a la cabeza.
Entre los procedimientos que Montoneros utilizaba con sus prisioneros, estaba el de su juzgamiento por lo que la propia organización denominaba -en sus comunicados y bandos- "tribunales populares", que no eran integrados con personas del pueblo en general, sino con dirigentes de sus propios cuadros. Demás está decir que dichos "tribunales populares" actuaban totalmente al margen de la justicia ordinaria, y por fuera del sistema formal del estado argentino, así como que tampoco aplicaban norma de derecho alguna, como no fuera su propio convencimiento de la culpabilidad de los acusados.
Es en la continuidad de los métodos violentos después de instalado el gobierno constitucional, encabezado por un presidente elegido por el pueblo pero designado candidato por el líder primero, y casi inmediatamente después por el propio líder y su esposa, radica a mi juicio el carácter de subversivo y terrorista del accionar de esas milicias autodenominadas populares.
En este sentido, opino que el pueblo en su conjunto nunca apoyó la lucha armada, con verdadero apoyo popular esas milicias no hubieran sido vencidas tan rápidamente como lo fueron. En consecuencia, la por muchos repudiada teoría de los dos demonios se instala por la propia voluntad de los demonios.
El pueblo en su conjunto nunca quiere la violencia, aunque más no sea por temor y comodidad. Mas allá de sus partidarios puntuales, el común de la gente no apoyó nunca la violencia subversiva, fuera esta civil o militar. Por esa razón, son casi siempre minorías intelectualmente formadas las que asumen la tarea revolucionaria, y esas minorías -en el caso argentino- provenían de la propia clase social que decían combatir. En ese aspecto, la acusación dirigida a la clase media (a la que denominaban burguesía) de ser "desclasados", les cabe también, perfectamente. La violencia, cuando reemplaza la voluntad popular, siempre es subversiva, provenga de donde provenga. Y siempre es terrorista porque instaura -o pretende instaurar- el terror; claro que cuando el causante es el estado el hecho es mucho más aberrante, ya que la fuerza que el pueblo deposita y confía a las manos del estado, solo debe usarse para mantener las instituciones de la constitución y la integridad de la nación, y no para eliminar u hostigar a sus ciudadanos.
Más de treinta años después, con todo lo que Argentina ha sufrido en ese lapso, la subjetividad social es, indudablemente, otra muy diferente.
Una sobre exposición al escarnio y al dolor al que nos han sometido sucesivamente un gobierno bochornoso por su inoperancia, violencia e inmoralidad como el de la presidenta Perón, que inauguró en nuestro país el terrorismo de estado a través de la actuación de la triple A; una dictadura criminal y terrorista como la protagonizada por las fuerzas armadas desde 1976 a 1983, que suprimió nuestros derechos más elementales -como el derecho a la vida y las ideas- y nuestras libertades más escenciales; y gobiernos no menos venales e inoperantes que el primero de los citados desde 1983 hasta la fecha -aunque con un estilo de violencia algo diferente-, han actuado sobre el ánimo social con consecuencias que aún no me atrevo a medir, pero que episodios como estos que me ocupan hoy me inclinan a suponer son de temer.
Una predisposición a actuar de manera marginal, reaccionaria y violenta como respuesta a situaciones que van desde la demanda de reivindicaciones o mejoras sociales, pasando por objetivos ecológicos, el reclamo de castigo para los señalados como culpables de delitos sociales, o la demanda de cajitas felices en un restaurante de comidas rápidas. Común denominador: las víctimas de tales actos de vandalismo, cuando son individuos o comercios con poco o ningún poder. Ante la imposibilidad o el temor de alcanzar a los causantes esenciales del estado de injusticia, se arremete ciegamente con quien está mas al alcance. Cuando no, se destruyen o dañan bienes públicos, los que entre nosotros en lugar de ser de todos, son de nadie.
Con estas actitudes nada se soluciona y nada cambia, pero el instinto violento queda momentáneamente canalizado.
Si la violencia pudiera alcanzar algún grado de legitimidad por la trascendencia de la demanda que la produce -con lo que no estoy de acuerdo en absoluto- su uso indiscriminado la vuelve definitivamente desmesurada y funesta.
Ya se: se dirá que es fácil pensar de esta manera cuando se tiene la mayor parte de las necesidades materiales satisfechas. La carencia de cualquier índole ¿justifica por sí misma la violencia ciega? No, porque no todas las personas que sufren faltas son violentas.
Valga como ejemplo lo ocurrido en estos días, a raíz del anuncio del grupo musical Callejeros de que volverán a actuar en público. Si la denuncia de su líder de haber sido amenazado de muerte por uno de los padres de las víctimas de la masacre de Cromagnon fuera cierta, no deduciremos por eso que todos los familiares de las víctimas y los sobrevivientes amenazan de muerte.
Si el dolor, el desencanto y la rabia lo justifican todo, mucho me temo que esta sociedad se halle en vías de disolución.
Como perteneciente a una generación que convivió con la violencia y la ilegitimidad, defiendo este estado de derecho, aún imperfecto cuando no claudicante. El piquete, el patoterismo, la pueblada, vienen supliendo la presencia del estado en muchos frentes.
En un entorno de avasallamiento de los derechos del prójimo, y de falta permanente del mutuo respeto entre los ciudadanos en su mayoría, asambleas de "ambientalistas" que jamás estudiaron ecología, toman en sus manos la defensa de su medio ambiente y las relaciones con un país limítrofe cerrando las fronteras, mientras los organismos (competentes?) del estado permanecen ausentes. Piquetes animados por la indignación impugnan con violencia las decisiones de la justicia y exigen su revisión, o impiden el libre tránsito de sus conciudadanos porque han decidido tomar como propio determinado espacio público, etc., etc., etc.
¿Cómo vine a desembocar aquí pasando por los hechos de Rafael Calzada, Mar del Plata, Cromagnon, los sucesivos gobiernos, las organizaciones armadas, y demás? Tratando de responder a la pregunta del subtítulo: ¿Es la argentina una sociedad violenta, o hay violencia en la sociedad argentina?
De que hay abundancia de violencia en nuestra sociedad no me cabe duda. Tampoco tengo dudas de que esta sociedad viene sufriendo distintas violencias desde hace mucho tiempo. Encuentro serios síntomas de disolución social; un permanente juego de Antón Pirulero, donde cada cual atiende su juego, y el que no: una prenda tendrá. De ahí a una sociedad violenta, veo un solo paso. Sociedad violenta y canalla, porque no hacemos más que cometer errores, y como sociedad no nos hacemos cargo de las consecuencias. Nunca.